IV. Cementerio de elefantes presidenciales

Cementerio de elefantes presidenciales
Por Cynthia Ramírez 

Hipótesis.
El texto de Cynthia Ramírez se desarrolla en torno a la creencia del desperdicio y la injusticia que se lleva a cabo en contra de los jefes de estado al culminar su mandato, pues se arroja a la basura toda la experiencia y el conocimiento que ellos han adquirido a lo largo de su período en el cargo. Es sorprendente que al dejar el puesto, los expresidentes no dejen de ser personas influyentes para el desarrollo de un país, que no tengan la oportunidad de continuar con los proyectos que no lograron finalizar, y en lugar de ello, terminan siendo unos cuantos más que pasaron al olvido.

Postura política.
Con el paso de los años, en México se han visto ir y venir a distintas figuras políticas para apoderarse de la silla presidencial por un período, por lo general ya establecido. Se les ha visto llevar el rumbo del país de diferente forma y, por supuesto, se les ha apreciado de manera distinta. Pereciera que para las mayoría de los ciudadanos mexicanos, los esfuerzos de un presidente por cumplir su labor nunca son suficientes, por otro lado, a quiénes piensan que vale la pena darle a los funcionarios públicos un último chance de terminar lo que empezaron.
La ley que actualmente nos rige, impide que los jefes de estado del país tengan la oportunidad de ser reelectos al término de su período presidencial, pues se supone, busca la democracia, y a la nación le costó toda una guerra civil establecerlo de esa manera hace ya más de un siglo.
Pero, ¿qué pasa con aquellos funcionarios cuyo empeño merece ser reconocido y sobretodo muy bien valorado? El pueblo mexicano carece desde hace ya mucho tiempo de confianza en sus gobernantes, pero no hay que descartar la posibilidad de que exista alguna figura política que no valga la pena dejar ir, aquella que le inspire la necesidad a los ciudadanos de saber qué sigue trabajando por el buen desarrollo del país y tanto su experiencia como su conocimiento no ha sido desperdiciado.
Por más merecido que lo tenga, si se le permite a dicho funcionario la reelección como máximo dirigente del país, se estará llevando a cabo un acto anticonstitucional, y queda claro que la nación no está lista para enfrentar otra guerra civil. Sin embargo, aún existe una solución, la posibilidad de permitirle a un expresidente ocupar otro cargo público al terminar su administración presidencial.
Como se menciona anteriormente, tal vez en México aún no ha aparecido aquella figura modelo que inspire confianza y no merezca quedar etiquetado como otro nombre más en la lista de presidentes nacionales, pero no podemos aferrarnos a la idea de que jamás llegará, ni tampoco afianzarnos a que que solamente se le está otorgando renombre a una persona. Lo que realmente importa es tomar las decisiones correctas y hacer todo lo que podamos para el mejoramiento de nuestro país.

Rubí Navarro Murillo.

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